La filosofía de Black Mirror

La filosofía detrás de las pantallas

Discutir sobre el entretenimiento puede carecer de sentido para varios. No los culpo, ¿qué rayos puede decirnos de bueno un programa online? Ciertamente la realidad necesita de respuestas relevantes que se merecen la seriedad que le estoy dando a este show; pero así de innegable es también el hecho de que el entretenimiento se ha convertido en un elemento importante de las rutinas de muchos.

¿Por qué lo que nos dice el entretenimiento no debería ser tan importante si lo consumimos más que las grandes respuestas relevantes que necesitamos? Tal vez esas grandes respuestas necesitan tomar en cuenta verdades elementales de las rutinas a las que responden.

Ese es uno de los temas que Black Mirror trata de poner en discusión a través del entretenimiento, lo que lo hace uno de los shows más subversivos y pesimistas en décadas. Black Mirror es una serie de televisión británica, creada por Charlie Brooker, que construye una antología por episodio. La serie migró a Netflix para seguir desarrollándose y alcanzar grandes audiencias para así proponer un entretenimiento más ambicioso.

Su éxito no sólo se refleja en sus largas audiencias, sus aguerridos fans y su contenido controversial; sino que también tienen la recepción general y a la más alta crítica de su lado. Aunque la serie no está hecha para toda clase de públicos, es innegable la calidad a la que esta aspira en producción, guión y actuación a lo largo de sus episodios.

No obstante, Black Mirror es, también, una de las críticas más feroces al capitalismo y a la sociedad que ha derivado del sistema actual. Creo firmemente que Black Mirror es una joya para representar el posmarxismo y el situacionismo, así como una perspectiva interesante y casi obligatoria hacia lo que la tecnología nos dice de los horrores que esconde la conducta humana.

Desde una sociedad donde salvar a un miembro de la familia real inglesa depende directamente de la perspectiva de las masas hasta una donde la vida virtual es un tema cada vez más palpable; la evolución de la serie nos trae constantemente un tema recurrente que es nada más un efecto de la propia tecnología: el espectáculo.

El hecho de que la serie se llame ‘espejo negro’ es una referencia a las pantallas que nos conectan a la realidad virtual que gestiona gran parte de nuestras relaciones con otras personas e instituciones. De acuerdo a Guy Debord, filósofo y cineasta, esas relaciones mediadas por imágenes dan lugar al ‘espectáculo’, base de lo que profetizó que se convertiría la sociedad en el capitalismo: una sociedad del espectáculo.

Guy Debord explica en La sociedad del espectáculo, su trabajo de filosofía más famoso, que una sociedad que haya, finalmente, puesto los medios de producción por encima de la experiencia humana como producto final de abrazar el sistema económico que funda todas las demás relaciones, será una sociedad donde las relaciones sociales se darán con el fruto final de los medios de producción: entretenimiento.

Una sociedad donde lo que tienes forja tu identidad, siendo un producto de la publicidad y el lucro de los que poseen los medios de producción como consecuencia del sistema económico, es una sociedad donde lo que alguien es no es más que la suma del entretenimiento que el propietario genera para vender. Esta suma de imágenes que entretienen plagan todas las formas de relación política, social y personal, haciendo la capacidad de entretener necesaria y sustancial para comunicarse a otro individuo y sobre todo a las masas de acuerdo a este autor.

El problema es que la comunicación, en la sociedad del espectáculo, vende implícitamente el resultado de un medio de producción, siendo las disposiciones de los propietarios los que operan en todos los individuos y no sus voluntades. Debord parece, entonces, preocuparse por una sociedad de marcas; donde la marca te define y sólo puedes interactuar a través de ellas, no a través de tu propia libertad ni mucho menos entender a los demás.

Las pantallas negras, las verdaderas protagonistas de la serie, sirven, entonces, como el vínculo de la realidad personal al mundo del espectáculo. La serie llega a situaciones extremas y surrealistas donde el horror y la utopía se complementan gracias a la tecnología masiva y de alta gama; producto final de un sistema que puede generar graves consecuencias a todos por permitir que las perversiones de ciertos individuos plaguen la perspectiva de las mayorías en nombre del lucro.

Black Mirror es una oscura crítica hacia el entretenimiento que nace del mismo entretenimiento y nos intenta preguntar cuáles son los límites con los que toleramos ser entretenidos por el espectáculo como medio de expresión. También es una de las grandes obras antisistema de los últimos años en formato mainstream y con potentes críticas transmitidas de forma muy amigable. ¿Será que los horrores que Debord y Black Mirror señalan nos esperan en el futuro o ya los estamos viviendo?

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