Con el cierre de un año y el inicio de otro, parece que la mejor descripción para la época es: un tiempo de emociones encontradas. Pero entre la melancolía del tiempo pasado y la emoción del porvenir, nos encontramos con la tarea de prepararnos para un nuevo año. Trazarse nuevas metas, finalmente alcanzar alguna meta olvidada y esperar lo mejor en un nuevo año que se encuentra ante nosotros como un lienzo en limpio, esperando a que tracemos nuestros primeros trazos en él. La pregunta que surgiría será entonces, qué tipo de panorama queremos para este nuevo año?

En los últimos días de diciembre encontré encontré un artículo sumamente interesante que proponía que en este 2014 buscáramos divorciarnos. Y aunque el título suena escandaloso, su mensaje es sumamente conservador: “divorciémonos de la tecnología”. Generalmente este tipo de artículos incurre en consejos de como evitar a toda costa la tecnología maliciosa que no hace más que privarnos de nuestra humanidad y robarnos nuestras almas; pero en este caso el autor hace un espléndido trabajo dándonos un buen consejo de cómo manejar la tecnología, especialmente los teléfonos celulares: “Necesitamos hacer que nuestros teléfonos celulares sean de nuevo un accesorio y no una prioridad”. Creo que todos podemos tomar en cuenta esta pequeña frase para este 2014, tratando de cuidar que el tiempo que invertimos en línea o conectados a un dispositivo electrónico no sea mayor al que invertimos con nuestros seres queridos. Y que entre todas las metas que podamos trazarnos a través del 2014, esta pueda ser una.