The Great Gatsby

El Gran Gatsby pasó de ser una novela de época que se convirtió en un clásico de la literatura norteamericana. Su éxito original en 1925 no fue abrumador; al contrario, tardó un par de años en llegar a obtener el título de la segunda novela más importante de la historia estadounidense. Y lo que ocurre es que sus elementos tienen una lectura muy superficial al principio, pero adquieren cierta complejidad cuando se les deja reposar.

La lectura más superficial es la de un melodrama. Jay Gatsby es un heredero adinerado que lanza fiestas de las que no participa en su mansión de West Egg, en Long Island, y se reencuentra con Daisy Buchanan en una historia de amores cruzados. La trama es relatada por Nick Carraway, el vecino recién entrado en el mercado de la venta de bonos, primo de Daisy y que actúa como un testigo directo. Pero una segunda lectura nos sitúa en el contexto de los roaring twenties, en los buenos años previos a la llegada de la gran depresión. Así, los bootleggers o contrabandistas del recién prohibido licor tienen su lugar en el sutil trasfondo de la historia.

Gatsby tiene una gran fortuna, se desempeña en negocios y se relaciona con personas que no son del todo puntualizados. No tiene relaciones de cercanía con nadie, excepto un amor incondicional por Daisy Buchanan y un gran esfuerzo por recobrar la relación que perdió tiempo atrás. En gran parte, Gatsby es un romántico y uno que ha trascendido todos estos años porque es el pivote sobre el cual Scott Fitzgerald reflexiona sobre el espíritu de descuido y candidez por los que tiene una lástima que mantiene con cierta distancia.

La novela se recomienda sola y debo confesar que la leí para poder decir que era mejor que la película. Puedo adelantarles que es cierto, aunque la adaptación al cine de 1974 es bastante fiel. La que saldrá a finales de este año será producida una nueva versión a manos del director Baz Luhrmann y es una de las obligadas de 2012.

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