Traducir a los “modernos e inmortales” está de moda. Y para complementar un artículo sobre la traducción que subimos hace unos meses, les invitamos a leer la nota sobre el tema en El País.

Aquí hay un fragmento:

“La fidelidad ahora es un valor”, justifica Francí. ¿Y antes? “En muchos casos, más que traducciones eran adaptaciones. Ha cambiado mucho el concepto de traducción”. También el código deontológico de la profesión. “Antes era común eso de ‘la frase difícil me la cargo’, por eso insistimos en que no eran traducciones en el sentido que hoy le damos”, explica esta veterana traductora que se las ha visto, entre otros, con Henry James, George Eliot o Dorothy Parker. “Se vuelve tanto sobre los clásicos porque ahora los niveles de exigencia son mayores”, tercia Gallego. Antaño no quedaba más remedio que ceder ante la censura, conformarse con traducir desde el inglés o el francés de una obra en sueco o japonés, o aceptar con impotencia que era imposible hacer las indagaciones que exigía un texto clásico.

Algunos de los clásicos que están siendo re-editados y traducidos son:

  • La pequeña Dorrit y La tienda de antigüedades de Charles Dickens
  • Robinson Crusoe de Daniel Defoe
  • Gargantúa y Pantagruel de François Rabelais
  • Madame Bovary de G. Flaubert
  • Tristam Shandy de Laurence Stern
  • El gran Gatsby de Scott Fitzgerald

m. bovary

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