Silvio en El Rosedal

Ribeyro

Cuentos
Julio Ramón Ribeyro
Ma. Teresa Pérez (Ed.)
Cátedra, Letras Hispánicas

En el cuento Silvio en El Rosedal, el peruano Julio Ramón Ribeyro nos presenta un personaje como los suyos, que ilustran la transición entre el campo y la ciudad y algunas historias de tragedias personales. Pero al hacerlo, cruza con su pluma una tradición simbólica que habla más allá de lo que está en las líneas de este hermoso cuento.

El símbolo cuyo descubrimiento en la rosaleda de la hacienda El Rosedal, y que le confiere el nombre, es el del aleph. En otras ocasiones, el mismo ha sido usado como sustituto del concepto de infinito, de forma mejor conocida en la obra de Borges, Dante y la tradición judía.

En aquel “…lugar encantado, donde todas las rosas de la creación, desde un tiempo seguramente inmemorial, florecían en el curso del año…” tuvo lugar el descubrimiento de un cierto orden que a Silvio Lombardi le llevaría a emprender una búsqueda por los confines de lo infinito. El mensaje era simple: la palabra RES codificada en lenguaje morse. La búsqueda del significado, por el contrario, oscilaba entre todo lo que el concepto de “cosa”, la traducción del latín, y de “nada”, la traducción del catalán, abarcaban.

Silvio había tenido una niñez prodigiosa como violinista educado por su madre, pero luego de que su padre, Salvatore, comprara la hacienda en el valle del Tarma y se la heredara luego de una muerte temprana, habría de cambiar su vida hacia una más propia del campo. Su búsqueda era una forma de escapar de los muros de la rutina y el sinsentido de una hacienda que había llegado a su producción óptima y que luego de que enterrara su vocación de violinista, se encontraba bastante coartada. Sólo la llegada de quien con su nombre respondía el enigma habría Silvio de conocer el verdadero significado de la leyenda que halló en el jardín

Julio Ramón Ribeyro nos muestra un estilo genial en 35 páginas de la antología publicada por Cátedra, llevándonos a veces a la risa y a veces a la conmoción de una pequeña tragedia, pero siempre con una ventana a lo sublime.

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