El “Babelia” de esta semana tiene como protagonista la literatura juvenil. Yo no sé exactamente qué es “juvenil”, porque tengo 21 recién cumplidos y me he leído un poco de todo. En el último año, he oscilado desde un bastante complejo Cortázar hasta una sencilla crónica de la historia de Google. Pero las referencias que lanza el suplemento de El País inician con las historias de Harry Potter y El Señor de los Anillos y tienen algún alcance hacia los clásicos del siglo pasado como Catcher in the Rye, de Salinger.

Las posibilidades son múltiples.

Quizá lo que quiero decir es que leer es para cualquiera de cualquier edad y al interesado en cualquier tema. Yo recuerdo que de los primeros libros que leí eran unos tomos de ciencia ficción coleccionados en la biblioteca de primaria y que al final de cada capítulo le daban al lector varias opciones sobre cómo creía que iba a desarrollarse la trama. Leía como 3 libros por año y no mucho más. Luego descubrí de golpe la Crónica de una muerte anunciada, El Código Da Vinci y uno que otro de Coelho, cosas que por decir poco podrían aburrirme de muerte si los leyera ahora. El punto es que no importa. Cada quien tiene una relación distinta con los libros y como toda relación, va evolucionando.

A mí se me ha desarrollado el gusto por ellos e todas sus formas, excepto en los que son muy viejos y que antes que los termine podrían matarme de una pulmonía. Me gusta verlos, hojearlos, leer los índices y olerlos. En fin, no hay que ser joven ni viejo para disfrutarlos. Hay para todos; sólo toca que uno escoja ir a ellos y hacer el trabajo que requieren, prestarles atención y tratarlos bien.

Andy Brown - Harry Potter

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