L'elegance du herisson - La elegancia del erizo

Al describir una escena extraordinaria de una película de Yasujirô Ozu, Muriel Barbery encierra en unas líneas el sentido general de su obra La elegancia del erizo. El padre conversaba con su hija Setsuko sobre el paseo que acaban de dar por Kyoto, diciendo: “¡Y ese templo del Musgo! La luz realzaba aún más el musgo”. A lo que Setsuko responde: “Y también esa camelia que había encima”. Y el padre: “Ah, ¿te habías fijado? ¡Cuán hermoso era!” (Pausa) En el Japón antiguo hay cosas hermosas. (Pausa.) Esta manera de decretar que todo eso es malo me parece excesiva”.

Decir esto es decir poco sobre la historia de Paloma y Renée en el número 7 de la calle Grenelle, un inmueble de clase alta que es testigo de la interacción entre los dos personajes, sumamente disímiles, que narran la historia en la novela de Barbery a través de sus diarios. La primera, una niña con una inteligencia impresionante y que por ser incapaz de entender el sentido del mundo tiene secretas intenciones suicidas. La segunda, una portera que secretamente detesta la fenomenología de Edmund Husserl, que ama la lectura de Tolstoy y que en su honor ha nombrado a su gato como él, León.

El famoso éxito literario de Barbery se introduce a nosotros como una serie de pequeños comentarios burlones sobre prácticamente cualquier cosa, desde el carácter decorativo de una mascota hasta un pequeño trabado sobre Kant y compañía. Y es quizá este estilo que a través de la voz de Paloma y Renée nos empuja hacia delante en las páginas del libro, a medida que su historia nos recuerda lo difícil que es entablar relaciones con el otro, un tema por demás recurrente en la literatura contemporánea. Así, los múltiples temas que aquejan a ambas se van entrelazando en el conflicto que sobrelleva Renée, la dama de las camelias (con perdón a Dumas), y que tomará nuevas dimensiones con la llegada de un inquilino nuevo a la calle Grenelle.

Hablar de lo bello a través de una novela que pretende serlo suele ser difícil, pero con un personaje sensible al significado de la lluvia de verano, que Tolstoy rocía sobre un Levin enamorado de Kitty en su novela/universo, que es experta en gramática y que simpatiza con la idea de arte que se preserva intacta por debajo de los bodegones holandeses, la tarea se simplifica sobremanera. A los lectores, nos queda disfrutarla.

El libro está disponible en la colección de la biblioteca y fue parte de la agenda de uno de nuestros clubes de lectura que, dicho sea de paso, también leyó Ana Karenina. Para más información sobre este tipo de actividades no dude en contactarnos.

Muriel Barbery

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