Casi siempre escucho comentarios sobre cómo curar el insomnio con un libro, o cómo la complejidad de un texto puede evitar que tú lo leas, pero ayer que escuché a Adelaida hablar en la radio sobre algunos clubes de lectura, obtuve una llave para explicar ese tipo de comentarios.

Se dice que los libros son herramientas para conocerte, para aclarar tus ideas, que están llenos de historias para que te inspires y tomes como ejemplo, o todo lo contrario. Sin embargo, decía Adelaida que la reacción no es automática, como para decir que X o Y libro te cambia la vida. Quizá hay en ellos un par de cosas que despiertan en uno la curiosidad de hacer preguntas, pero el truco es que UNO MISMO tiene que buscar las respuestas. Y allí hay una pequeña diferencia que nos invita a pensar el mundo de la educación y el crecimiento personal.

Sólo yo puedo hacer que el dinosaurio de la historia cobre vida y se salga del libro (de allí la foto de abajo) y sólo yo puedo hacer que las acciones de un héroe tomen vida y pasen del papel (o la tinta digital) a mi imaginación. Quizá se nos olvida eso y pensamos que quien toma un libro para dormirse está “leyendo” igual que el que pasa la noche pasando las páginas para averiguar si en verdad fue el mayordomo con el candelabro quien cometió el crimen. Quizá el primero estaba esperando que el libro le hablara y el segundo no se conformó con sentarse a esperar a que lo hiciera.

Bottomline: uno tiene que elegir qué hacer con el texto para que el texto se vuelva suyo.

Book-Wyrm, a literal dragon

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