Lost in Translation

vertaalwerk - translation work

No, no estoy hablando de la película. De hecho pueden preguntarse por qué tengo un título en inglés para un artículo en español. Y lo que se sucede es que hace poco estaba leyendo una reseña del NYT Book Review sobre un libro que quiere llevar el tema de la traducción a un nivel accesible a los lectores. Está hecho por alguien que se dedica a hacer traducciones y me pareció importante que el NYT resaltara lo siguiente:

Estamos acostumbrados a pensar que cada persona habla un idioma – su lengua materna – y que esta lengua es una entidad discreta, con un vocabulario manipulado por una gramática fija. Pero esta fotografía, dice Bellos, no encaja con los cambios del día a día de nuestros múltiples lenguajes, ni del propio relajo que es nuestro uso del lenguaje materno. El principal enemigo filosófico de Bellos [al escribir su libro sobre traducciones] es lo que él llama “nomenclaturismo”, la noción de que las palabras son esencialmente nombres, una idea que ha sido amplificada en nuestra era: una conspiración de lexicógrafos. […] Esta idea falsa es usualmente citada para apoyar la idea de que traducir algo es imposible porque todas las lenguas consisten de palabras que no tienen un único equivalente exacto en otros idiomas. Pero, “un término simple como cabeza, por ejemplo, no puede ser contado como un nombre de algo particular. Figura en todo tipo de expresiones y por continuar el ejemplo, aunque no haya ni una sola palabra en francés que evoque todas las connotaciones de la palabra, su significado en uno de los usos particulares puede representarse con cierta facilidad en otro idioma.

Me parece un comentario de lo más acertado. Después de todo, en los últimos meses he leído varios casos que me llevan a confirmar esta idea. Una comparación que hicieron en una reunión de lectura del Ulysses de Joyce con el Ulises (en español) traducido por José María Valverde; las diferencias en el juego de palabras que se traduce desde The Importance of Being Earnest a La importancia de llamarse Ernesto, de Wilde; y una traducción del japonés al alemán y de allí al castellano de España, que puede considerarse una media traducción dentro del mismo idioma.

Pensando en todo esto llegué a una conclusión: leer con el diccionario al lado importa. Hoy lo descubrí leyendo a Rubén Darío y encontrando palabras nuevas (en mi propio idioma, y de mi región geográfica) que tuve que consultar para entender el verdadero sentido de los textos. Claro está, hay que entender la lingüística y la lexicografía modernas como dos ramas del conocimiento que estudian un ente evolutivo: el lenguaje.

Aquí les dejo una conferencia que me parece genial, sobre diccionarios, aunque Adelaida publicó algo sobre ella antes 🙂

http://ted.com/talks/view/id/161
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  1. Interesantísimo artículo que viene a demostrar que traducir es un auténtico arte. Yo que soy una amante de la literatura sudamericana, y especialmente del realismo mágico, debo valerme alguna que otra vez del diccionario para entender palabras que están escritas en mi propia lengua.

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