Agora

Hay una escena de Ágora, la película de Alejandro Amenábar, que quizá por afinidades personales con la trama siempre me lleva cerca de las lágrimas, si no es que me conmueve del todo.

[Este texto contiene spoilers menores, pero spoilers al final]

La Biblioteca de Alejandría es el centro de un conflicto entre paganos y cristianos en el Egipto bajo el dominio romano del siglo IV de nuestra era. La filósofa Hipatia es en esta película una voz de la razón ante un clima de conflicto religioso y social por todos lados. La escena de la que hablo es donde llega la órden de Roma de abrir la biblioteca a los cristianos, cuando los paganos y los miembros de la Academia de Hipatia se habían estado refugiando allí unos días. La noticia es inevitablemente una premonición de la destrucción que espera a la biblioteca a manos de los cristianos: a los gritos de “basura pagana”, los pergaminos que contenían las obras de la Antigûedad serían destruídas y con ello, el mundo sería puesto de cabeza.

Hoy 24 de octubre se celebra el día internacional de las bibliotecas y me pareció que lo mejor para celebrarlo era traer a colación esa escena. Verán, la acumulación de conocimiento no es una tarea que ocurre por arte de magia o por pura tradición humana; es una actividad consciente que depende altamente de qué tanto tengamos en alta estima a lo que en los libros se conserva: el conocimiento de cómo opera el mundo, cómo somos los seres humanos y todo lo que nos rodea.

Hipatia fue la última bibliotecaria de la legendaria Biblioteca de Alejandría, aunque realmente era la hija de la biblioteca mayor que Julio César quemó “accidentalmente” en el año 48 a.C., construída en el templo conocido como el Serapeo de Alejandría. En la historia, la destrucción de esta colección, que incluía gran parte de la Gran Biblioteca, llegó con el edicto de Teodosio I que hizo ilegal el paganismo en 391. Cualquier protección que hasta entonces se había dado a la herencia intelectual de la humanidad dejó de existir.

La historia que nos cuenta Amenábar a través de la narración de la vida de Hipatia (que contiene varios elementos ficticios) tiene valor precisamente porque la crítica que hace a la religión es más bien una crítica a toda forma de dogmatismo, en cuyos esquemas no tiene lugar la información que no es conveniente, que es heterodoxa o peligrosa, y sobre todo, en donde no tienen lugar las mentes que hacen las preguntas necesarias para encontrarla, incluso allí donde los papiros y pergaminos puedan ser quemados.

Un tema muy actual

Si cree que porque hoy ya sabemos que la tierra no es plana, ni el sol gira alrededor de nosotros y que Kepler ya descubrió que las órbitas son elípticas y no circulares, ya todos los problemas están resueltos, está usted muy equivocado. No hace falta sino ver el listado de libros prohibidos en múltiples colegios, universidades y organizaciones globales (al menos son organizaciones privadas y no los propios gobiernos), como el Opus Dei. A esto súmese lo que no está prohibido pero que constituye un tabú y que existe en países desarrollados y subdesarrollados, así como en grupos de gente educada y grupos de gente analfabeta.

La pregunta sigue siendo la misma: ¿Quién debe decidir?

Mi respuesta: cada quien, haciendo uso del mejor juicio que pueda.

Por eso hoy celebramos la labor de quienes nos dedicamos a preservar el conocimiento y a ayudar a todo quien lo necesite a encontrar lo que le sea relevante. ¡Felicidades!

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