Radiografía literaria de la historia latinoamericana

Enrique Krauze es uno de los herederos intelectuales de quien quizá sea el mejor poeta mexicano de los últimos tiempos, Octavio Paz. Por eso no es casualidad que Paz ocupa un espacio protagónico en el artículo que ocupa la portada de Babelia de la semana que corre, escrito por el propio Krauze y sobre dos cultos que permean la historia política latinoamericana, el del hombre fuerte y la figura de la revolución.

Una de las cosas más valiosas de este breve artículo es que hace una exhaustiva bibliografía del reflejo de este fenómeno en la literatura:

En Facundo -su obra clásica sobre el telúrico caudillo Facundo Quiroga, “sombra terrible” de las pampas-, Sarmiento recreó al prototipo del poder personal en el siglo XIX latinoamericano, el dueño de vidas y haciendas, hombre de horca y cuchillo, símbolo de Barbarie opuesta a la Civilización. Publicada en 1845, aquella obra tuvo una brillante descendencia, primero en el Nostromo de Conrad y más tarde en una larga sucesión de novelas sobre dictadores: Tirano Banderas de Valle-Inclán, El Señor Presidente de Miguel Ángel Asturias, Oficio de difuntos de Arturo Uslar Pietri, Yo, el Supremo de Augusto Roa Bastos y las dos antitéticas creaciones de García Márquez y Vargas Llosa: El otoño del Patriarca y La Fiesta del Chivo.

Otros autores mencionados son Thomas Carlyle y Karl Marx como autores donde convergen las figuras del hombre fuerte y la revolución, especialmente en la obra del primero sobre La revolución francesa y la totalidad de la literatura marxista.

Octavio Paz entra en este panorama como una figura similar a Orwell y Kafka en el contexto mexicano, tras la lectura de un libro ruso que lo desencantó de la musa de la revolución y lo llevó a adoptar una postura tanto más moderada, desde la cual advocaba una postura tanto más apegada al sentido común racional:

Para Paz, la lectura del Archipiélago Gulag en 1974 fue el punto de quiebre definitivo. Allí terminó por confrontar la naturaleza totalitaria del socialismo soviético y, para su sorpresa y sosiego, redescubrió el viejo ideario liberal del siglo XIX, el de su propio abuelo. Paz, en una palabra, se volvió plenamente demócrata. No era una hora temprana en su vida -cumplía 60 años- pero aún era tiempo para prevenir a los jóvenes latinoamericanos sobre los peligros del redentorismo político en el que convergían el culto al poder (ya sea del caudillo o del presidente omnímodo) y el mito de la Revolución: “La gran Diosa, la Amada eterna, la gran Puta de poetas y novelistas”. No quisieron escucharlo. La querella de Paz con la izquierda continuó hasta su muerte, en abril de 1998. Incluyó polémicas, descalificaciones, insultos y hasta amenazas de muerte.

No podría cansarme de recomendar este artículo y todos los libros que en él mencionan, además que los que ya cité en este artículo.

Enrique Krauze
Enrique Krauze, NYTimes
Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s