Third law of Robotics

Isaac Asimov es considerado, junto a Robert Heinlein y Arthur C. Clarke, uno de los tres padres de la literatura de ciencia ficción del último siglo. Y con cierta razón, debo decir. Por ejemplo, a él se le deben las tres leyes de la robótica que adquirieron especial importancia cuando comenzaron a popularizarse los avances en el desarrollo de la inteligencia artificial y temas similares.

Sus obras están publicadas en nueve de diez categorías del sistema Dewey, lo que quiere decir que este autor fue verdaderamente prolífico y multidisciplinario. Aunque particularmente conocido por sus novelas de ciencia ficción, tiene otros textos de divulgación científica, histórica, novelas de misterio, poesía (limericks), y de tipo autobiográfico.

La razón por la que hablo de Asimov es porque llegó a la biblioteca una donación de bastantes de sus títulos y he liberado algunos de ellos en el punto Bookcrossing que tiene nuestra biblioteca. Bookcrossing, por cierto, es una práctica que consiste en liberar libros en lugares públicos para que la gente los recoja, los lea y los vuelva a liberar, ampliando el círculo de vida de los mismos.

Lo irónico del caso es que la literatura futurista de Asimov está, en este caso, en paperbacks un tanto antiguos, de 1985. No están en mal estado, pero no llegan a los estándares de nuestra colección general. Por eso, la biblioteca ha mandado a pedir una edición de sus historias completas y en unos días estará por acá, por si alguien desea echarle un vistazo a lo que escribió el hombre que ahora presta su nombre a un asteroide, un cráter en marte, una revista, un premio literario y el famoso robot de Honda, ASIMO.

Contexto para la imágen:

La imágen se llama “Tercera ley de la robótica” y la tomó Stéfan Le Du (de Flickr). Las tres leyes son:

1. Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño.
2. Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto si estas órdenes entran en conflicto con la Primera Ley.
3. Un robot debe proteger su propia existencia mientras dicha protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.

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