Las ideas suelen estar encadenadas con redes de ideas anteriores. Son muy pocas las que llegan por arte de magia en momentos en los que se enciende el foco. Tomamos las ideas que hemos heredado o con las que nos tropezamos en algún momento, las reordenamos como hacemos con los legos que están dentro de la caja y les damos una nueva forma.

En este artículo publicado por Steven Berlin Johnson en el Wall Street Journal, el autor propone varios ejemplos para justificar el argumento que hace más ampliamente en el libro “Where Good Ideas Come From”, que está por ser lanzado al público.

Lo interesante de las ponencias en las que Johnson ha promocionado su libro, como ésta en TED y el video que añadiré al final del artículo, es que identifica el importante papel que juegan los ambientes apropiados para que las buenas ideas cobren vida y puedan multiplicarse .

Así, los cafés ingleses fueron cruciales para el desarrollo de la ilustración, en gran parte porque las personas iban allí a beber. Sí, a beber. Antes del café y el té, la opción más saludable no era el agua, sino las bebidas alcohólicas y el traspaso de una bebida que deprimía el sistema nervioso a un estimulante como las bebidas con cafeína, hizo que la población estuviera más alerta y fuera más creativa. No fue accidental que ese torrente de innovación tuviera lugar en Inglaterra cuando esta transición que aparentemente no estaba relacionada empezó a tomar lugar.

Sin embargo, no se trata sólo de lo que se consume en los lugares que los hace importante para el proceso innovativo. También interesa la arquitectura del espacio, si es uno donde pueden llegar personajes de distintas procedencias, de distintas especialidades y que facilite el intercambio. ¿Qué de atractivo tiene un lugar donde sólo se pueden ir a sacar libros? Mucho, diría yo, pero cuánto más llamativo es para todos entablar conversaciones significativas y tener intercambios con otras personas, que le pueden dar un valor agregado al concepto de biblioteca como espacio.

Las ideas no tienen que llegar de golpe, ni tenemos que sembrar manzanos en nuestros jardines para fomentar la aparición de grandes genios como Newton o Einstein. Basta hacer que nos convirtamos en un punto de reunión, un lugar de intercambio donde se pueda intercambiar conocimientos, tradiciones, ideas, o quizá simples discusiones del día a día. Después de todo, ése debería ser el norte de una institución como esta en una época en la que el contenido comienza a ser más accesible a través de lectores electrónicos y en la que los estantes comenzarán a reducirse en número y tamaño.

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