quien_es_galt_thumbEn mi escritorio reposa La rebelión de Atlas, de Ayn Rand. Es un ejemplar grueso cuya lectura empezaré dentro de poco, porque dentro de poco empezaré un nuevo club de lectura sobre esta obra. Lo veo y pienso que sus más de mil cien páginas esperan que las cargue y las lleve a mi casa. Por lo pronto este pensamiento me preocupa más que descubrir quién es John Galt.

La primera vez que leí el libro pensé en que a algún editor en el mundo se le debería haber ocurrido hacer una edición en unos cuatro tomos, que metidos en una cajita se verían muy lindos y que sería más práctico llevar de acá para allá. Supongo que hay quien ha leído el libro de una sola vez (son esas historias que cuenta la gente en las que intentan convencerte que les tomó doce horas pero lo lograron); sin embargo, a los que estamos por leerlo a un ritmo lento pero seguro la idea de cargarlo durante un par de meses nos intimida un poco. Tampoco es cuestión de apretar los renglones y usar un tipo de letra más pequeño con tal de que la edición de “bolsillo” quede más cargable, porque eso la haría menos legible.La veo de nuevo y supero el asunto del peso; lo que no supero todavía es que no puedo subrayarla porque es un libro de la Biblioteca. Es una novela romántica, en la que uno encuentra desde bajas pasiones hasta nobles pasiones y hay quien afirma que le ha cambiado la vida. Inicia con la pregunta del millón, ¿quién es John Galt?, así  que incluso tiene héroes que esperan hasta el último momento, o por lo menos unas 600 páginas, para aparecer y decirnos lo que tienen que decir.

La historia tiene villanos, trenes, minas, saqueadores, inventores, amantes y gente que anda por ahí. Hay que leerla para encontrar su visión metafísica, epistemológica y ontológica, pero de esas cuestiones hablaré más adelante.

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