Hace un par de días estuve en FILGUA, la Feria Internacional del Libro en Guatemala, que sirvió de marco para la Conferencia internacional sobre literatura centroamericana, en la cual se me ocurrió la brillante idea de presentar una ponencia sobre la experiencia de los clubes de lectura de nuestra biblioteca.

Tuve la oportunidad de compartir mesa con dos profesionales de la lengua y la literatura. Una de ellas fue mi maestra en la universidad y presentó su experiencia en el Instituto de Estudios de la Literatura Nacional (INESLIN), de la Universidad de San Carlos de Guatemala. A la otra señora la conocí ese día y su presentación hizo todo lo posible por hacernos sentir mal a los que vivimos en la ciudad, trabajamos, sabemos leer y tenemos acceso a los libros y a la cultura.

Después de tan grata conferencia las palabras de dicha señora han seguido haciendo ruido en mi cabeza. No sé por qué ella no tenía claro que literatura y alfabetización no son lo mismo, que saber leer no te otorga nada si no lees. No sé por qué se dedicó a quejarse. El punto es que yo, Adelaida Loukota, estoy bastante consciente de los problemas de mi país. Sé de sus índices de pobreza, analfabetismo, marginación de las áreas rurales, etcétera, etcétera, etcétera. También sé que yo no puedo solucionarlos. Yo puedo trabajar (y necesito trabajar para pagar la renta) en cosas que están más a mi alcance. Yo puedo venir a la biblio todos los días y tratar de convencer a algún incauto de que hay un libro muy bueno que espera ser leído por él. Yo puedo escribir de vez en cuando en este blog y recomendarles que se sumerjan en el inmenso placer de tal o cual lectura. Todos los días hago un esfuerzo por recuperar a lectores traumados de las garras de la desidia por la lectura.

Yo sé que no me voy a ir a un recóndito pueblito a alfabetizar a nadie. No digo que no lo haré nunca, pero por lo pronto prefiero hacer mi parte con la gente que no cabe en los grandes proyectos culturales porque sabe leer, trabaja o pudo darse el lujo de dejar de trabajar, aquella gente que puede comprarse libros y asistir a los eventos culturales de la ciudad, los que pueden dedicarle una hora a la semana a la reunión de un club de lectura. Yo prefiero dejarme de utopías y tener un proyecto específico, con un fin específico, en lugar de buscarle culpables a que los niños no puedan publicar libros con poemas en su lengua maya.

Bueno, una vez presentado mi punto, que sentí ninguneado y atacado por una señora que espero si pueda agarrar su mochila, subirse a un bus e ir a vivir a dicho recóndito pueblito para alfabetizar a niños indígenas (a menos que el abundante dinero de su esposo se lo impida); bueno, que espero que por lo menos tenga un proyecto específico, con objetivos específicos, que esté funcionando y que sea pagado por el abundante dinero de su marido y que se dedique a darle libros en su lengua maya a los niños, y que por ello piense que tiene alguna autoridad para pasar encima de los proyectos de los demás. Una vez liberado mi trauma, los invito a leer lo que escribí acerca de la experiencia de los clubes de lectura de la Biblioteca Ludwig von Mises.

Comparto acá ponencia_adelou1

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