¿solo doce?Mientras suenan las doce campanadas que nos anuncian que ha empezado un año más muchos nos atragantaremos doce uvas a la vez que repetiremos mentalmente los famosos doce propósitos para ser mejores personas en el año que vamos a estrenar.

Estas doce verdades que se irán poniendo a prueba con el paso de los meses incluyen propósitos del orden cuantitativo: comer menos, hacer más ejercicio, descansar más. También incluyen propósitos del orden utópico: ir al gimnasio todo el año, limpiar el cuarto de los cachivaches, dejar de fumar. Finalmente, están los de orden optimista: cocinar en casa en lugar de comer tanto en la calle, aprender un nuevo idioma, bajar de peso, disfrutar más cada momento.

Para aquellos que incluyan en su lista “leer más” o por lo menos “leer algo” quiero recomendarles que no pierdan este primer impulso y se consigan cosas como La crónica de una muerte anunciada, en la que lo divertido no es saber que matan a alguien, puesto que García Márquez lo anuncia desde el inicio, sino saber cómo los acontecimientos llegan al punto de que nadie impide la muerte de Santiago Nasar.

Si se quieren porner algo más existenciales, les recomiendo La insoportable levedad del ser, porque todos tenemos que pasar alguna vez por las páginas de Milan Kundera y descubrir si es mejor la levedad o el peso.

Siempre hay alternativas para quienes quieran recordar los conflictos de la adolescencia y la magia de dicha época, así que les recomiendo Demian  y The catcher in the rye (que no sé porqué traducen como El guardián entre el centeno). Ambas historias son de lo mejor. Una mirada desde la perspectiva de la juventud, una mirada que abarca el mundo y más allá.

Si alguna vez han querido quedarse solos en el mundo, sin ningún ser que los perturbe, les recomiendo El muro, de Marlene Haushofer.

Por favor, si tienen el buen propósito de leer más, no esperen a las vacaciones o cuando los niños hagan un poco de silencio, cuando la marea esté baja o cuando haya luna llena. Si quieren leer, tomen la primer oportunidad que tengan a la mano y no sientan que una página al día no los llevará a ninguna parte, por algún lugar se empieza.

Además, si no tienen ganas de leer “libros” recuerden que siempre pueden acudir a las gloriosas páginas de Quino, Liniers o Larson.

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