Releyendo a Borges

Hace unos años recorría una biblioteca, en ese momento un género arquitectónico desconocido para mí, y de los estantes de libros viejos que habían sido regalados al colegio, saltó a mi vista uno de los de edición más reciente. Era El Aleph, de Borges, el libro cortito de Alianza. A los 15, se imaginarán que mi lectura era tambaleante, curiosa pero no muy informada, y aún así los enigmas del argentino cautivaron mi imaginación y dentro del plazo de unos años yo había leído ya Ficciones, El libro de arena, La historia universal de la infamia y Libro de sueños.

Regresé a El Aleph hace un año y medio y era como haberlo tomado por primera vez. Me volvieron a presentar a Emma Zunz, Benjamín Otálora, Tadeo Isidoro Cruz y redescubrí los entrañables objetos alrededor de los cuales construye el cuento que da nombre a la colección y El Zahír. A partir de esas primeras lecturas de Aleph, El Túnel y quizá algo de García Márquez decidí que los libros iban a ser una pieza valiosa de mi personalidad y mi historia. Luego de esos primeros, que me engancharon con los autores del boom, comencé a leer tanto por placer como por cultivo personal.

Estas semanas volví a Ficciones y me ocurrió lo mismo que con Aleph, pero la sorpresa fue doble. No sólo se trató de un redescubrimiento del genio literario de Borges sino de una capacidad que quizá no tenía durante mi primera lectura para descifrar los textos. Borges es un autor obsesivo, que se entrampa en las arenas movedizas de las preguntas que le atormentan y para salir de ellos hace lo que corresponde: dejarse llevar. Y con él, nosotros somos arrastrados por ideas desarrolladas hasta sus últimas consecuencias.

En Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, ensayamos qué ocurre en un universo regido por los principios filosóficos del idealismo. En Las ruinas circulares nos preguntamos sobre la existencia versus el sueño y la imaginación. La lotería de Babilonia es un universo regido por el azar en su totalidad. La biblioteca de Babel es un (el) universo en sí misma. Funes el memorioso es un Quijote moderno, argentino, que recuerda con sumo detalle todas las cosas. La muerte y la brújula es una de tantas formas en que Borges toma por cierta la paradoja de Zenón.

Como dijo Bolaño, “en la naturaleza de la poesía borgeana hay inteligencia y también valentía y desesperanza, es decir lo único que incita a la reflexión y que mantiene viva una poesía”. Vale la pena leerlo, o releerlo. Bien vale la pena.

Borges

La rayuela y el cielo en Cortázar

Rayuela

García Márquez, Vargas Llosa, Carlos Fuentes y el boom latinoamericano son el tema de esta breve columna de Méndez Vides sobre la literatura que dio forma a Latinoamérica:

La gran novela de Cortázar es Rayuela, como el juego infantil que aquí llamábamos “avión”. Se dibujaba con yeso en la acera, en lo alto se ubicaba el Cielo y abajo la Tierra, y se juega brincando sobre un pie, moviendo la piedrita con la punta del zapato. En la novela el juego se plantea como metáfora de la infancia, porque una vez que se ha logrado aprender a calcular y se logra llegar al Cielo, sin que la piedra se salga de las casillas dibujadas, ya se está entrando en la edad adulta. Cortázar define el Cielo como un nombre infantil. Será por ello que hoy día se añora esa imagen del paraíso que se llevó el tiempo.

Léanla toda.

Los mejores libros de todos los tiempos (de acuerdo a 125 autores escogidos)

Nos topamos con un libro que se lanzó a la tarea de preguntar a autores contemporáneos (británicos y norteamericanos únicamente) cuáles consideraban los mejores libros de ficción de la historia. La medición no es cualquier cosa, ya que a los 544 títulos que fueron mencionados al menos una vez se les otorga un valor puntual basado en la posición en la que aparecen en cualquier lista: un libro que encabeza la lista de un autor recibe diez puntos y uno al final, sólo uno.

Aquí hemos visto unas cuantas listas de las novelas latinoamericanas relacionadas con la historia y norteamericana, pero este esfuerzo intenta abarcar la literatura de varios siglos. Ojo que es difícil diferenciar lo que hace un libro genial de “el libro que a mí más me gusta”, sobre todo porque ese es un gran factor a tomar en cuenta, pero también se suma la percepción de la mayoría de gente y a través del tiempo. Cherry on top, se termina de complicar el asunto cuando se introducen conceptos de análisis artístico (técnica, sentido de la obra, etc.)

¿Tarea imposible? No lo creo. Y ellos tampoco. Aquí están las listas.

BookCovers

Top 10 del Siglo XX

Top 10 del Siglo XIX

Top 10 de autores por número de libros escogidos

Top 10 autores por puntos ganados

  • Leo Tolstoy — 327
  • William Shakespeare — 293
  • James Joyce — 194
  • Vladimir Nabokov — 190
  • Fyodor Dostoevsky — 177
  • William Faulkner — 173
  • Charles Dickens — 168
  • Anton Chejov — 165
  • Gustave Flaubert — 163
  • Jane Austen — 161

¿Qué creen que sobra o que falta?

[via BrainPickings]

Radiografía literaria de la historia latinoamericana

Enrique Krauze es uno de los herederos intelectuales de quien quizá sea el mejor poeta mexicano de los últimos tiempos, Octavio Paz. Por eso no es casualidad que Paz ocupa un espacio protagónico en el artículo que ocupa la portada de Babelia de la semana que corre, escrito por el propio Krauze y sobre dos cultos que permean la historia política latinoamericana, el del hombre fuerte y la figura de la revolución.

Una de las cosas más valiosas de este breve artículo es que hace una exhaustiva bibliografía del reflejo de este fenómeno en la literatura:

En Facundo -su obra clásica sobre el telúrico caudillo Facundo Quiroga, “sombra terrible” de las pampas-, Sarmiento recreó al prototipo del poder personal en el siglo XIX latinoamericano, el dueño de vidas y haciendas, hombre de horca y cuchillo, símbolo de Barbarie opuesta a la Civilización. Publicada en 1845, aquella obra tuvo una brillante descendencia, primero en el Nostromo de Conrad y más tarde en una larga sucesión de novelas sobre dictadores: Tirano Banderas de Valle-Inclán, El Señor Presidente de Miguel Ángel Asturias, Oficio de difuntos de Arturo Uslar Pietri, Yo, el Supremo de Augusto Roa Bastos y las dos antitéticas creaciones de García Márquez y Vargas Llosa: El otoño del Patriarca y La Fiesta del Chivo.

Otros autores mencionados son Thomas Carlyle y Karl Marx como autores donde convergen las figuras del hombre fuerte y la revolución, especialmente en la obra del primero sobre La revolución francesa y la totalidad de la literatura marxista.

Octavio Paz entra en este panorama como una figura similar a Orwell y Kafka en el contexto mexicano, tras la lectura de un libro ruso que lo desencantó de la musa de la revolución y lo llevó a adoptar una postura tanto más moderada, desde la cual advocaba una postura tanto más apegada al sentido común racional:

Para Paz, la lectura del Archipiélago Gulag en 1974 fue el punto de quiebre definitivo. Allí terminó por confrontar la naturaleza totalitaria del socialismo soviético y, para su sorpresa y sosiego, redescubrió el viejo ideario liberal del siglo XIX, el de su propio abuelo. Paz, en una palabra, se volvió plenamente demócrata. No era una hora temprana en su vida -cumplía 60 años- pero aún era tiempo para prevenir a los jóvenes latinoamericanos sobre los peligros del redentorismo político en el que convergían el culto al poder (ya sea del caudillo o del presidente omnímodo) y el mito de la Revolución: “La gran Diosa, la Amada eterna, la gran Puta de poetas y novelistas”. No quisieron escucharlo. La querella de Paz con la izquierda continuó hasta su muerte, en abril de 1998. Incluyó polémicas, descalificaciones, insultos y hasta amenazas de muerte.

No podría cansarme de recomendar este artículo y todos los libros que en él mencionan, además que los que ya cité en este artículo.

Enrique Krauze

Enrique Krauze, NYTimes

Exhibición: La prohibición de las drogas a la luz de la literatura

Burroughs

Those individuals who cannot or will not mind their business cling to the victimless-crime concept, equating drug use and private sexual behavior with robbery and murder. If the right to mind one’s own business is recognized, the whole shit disposition is untenable and Hell hath no vociferous fury than an endangered parasite. – William S. Burroughs (el de la foto)

Las drogas son un tema tabú en la sociedad, a pesar que desde hace mucho tiempo se han utilizado tanto como estimulantes para la actividad mental como para el trabajo de genios creativos. Concedido, en algún momento puede llegar a producir daños para quien las consume, pero no hay que olvidarnos que un crímen sólo es tal cuando existe una víctima para el acto cometido.

Cuando nos olvidamos de este hecho tan fundamental estamos censurando grandes obras artísticas y estamos segando la vida de muchas personas que mueren a causa de una prohibición sin sentido. Leamos un poco de literatura, psicología de verdad y teoría económica para atacar este problema desde un ángulo más sensato.

Por eso la nueva exhibición itinerante del lobby presenta varias obras que tratan el tema desde esas perspectivas:

Howl de Allen Ginsberg y On The Road de Jack Kerouac son dos obras de la generación Beat estadounidense, que celebra la no-conformidad y la creatividad espontánea.

En el Mundo Feliz de Aldous Huxley el soma es esa droga cuyo uso masivo ayuda a hacer que los ciudadanos se conformen a las normas de una sociedad que busca la estabilidad.

Alice In Wonderland suele ser interpretada como un equivalente a los viajes que hacen los entusiastas de las drogas en el sentido que éstas incrementan la conciencia que uno tiene de su alrededor. Acompañando este sentido marcado de reconocimiento del ambiente a veces se asemeja al cambio en el tiempo y el movimiento que hay en la novela.

Otros libros latinoamericanos con relación al tema de las drogas, aunque de forma más indirecta, son Delirio de Laura Restrepo, Noticia de un Secuestro de García Márquez, El paraíso en la otra esquina de Mario Vargas Llosa, entre otros.

En la exhibición también hay unas películas, como A Clockwork Orange (también está el libro), Blue Velvet, Alice in Wonderland y la Virgen de los Sicarios.

Y por último, hay una serie de libros que atacan los efectos negativos de la prohibición desde puntos de vista políticos y económicos, además de uno que defiende el consumo como una elección libre, desde la perspectiva de la contrapsicología de Thomas Szasz.