Y el Pulitzer va para… ¡olvídenlo!

Train Dreams, de Denis Johnson; Swamplandia! de Karen Russell y The Pale King de David Foster Wallace quedaron finalistas en el proceso de selección del Premio Pulitzer de este año. No hubo ganador y no es primera vez que ocurre, pero encontré una discusión en el NYTimes que me pareció interesante:

Déjenme decir lo obvio: Leer ficción es importante. Es un medio vital de imaginar una vida distinta a la nuestra, que a su vez nos hace seres humanos más empáticos. Seguir una trama compleja ejercita nuestros cerebros más allá del pensamiento breve de 140 caracteres y mantenernos dentro del mundo de una novela nos da la habilidad de permanecer solos y en silencio…

Desafortunadamente la literatura carece del escándalo y los vestidos bonitos que atraen a la gente a los Premios de la Academia que, por cierto, no es una institución diseñada para escoger la mejor película de cada año tanto como para lograr que la gente se emocione por ir a las películas. El Premio Pulitzer es nuestra mejor oportunidad para celebrar a la ficción como autores y lectores. Este años la dejamos pasar.

Hace unos meses hablamos del libro ganador del año pasado de Jennifer Egan, también leímos en uno de nuestros clubes a Junot Díaz y su genial libro The Brief and Wondrous Life of Oscar Wao y hemos leído autores ganadores de este y otros premios. Es una forma de conocer lo más nuevo y lo mejor del último año. Por mi parte, he leído bastantes cosas buenas de The Pale King y podría considerarlo “mi propio ganador”, pero cualquier otro podría extrañar la señal que un reconocimiento a veces nos da a quienes lo que nos hace falta es tiempo de lectura.

The Pale King

The Pale King

El cánon de la novela norteamericana

Where Another Great American Novel Was Written

La imagen con que abro este artículo se titula “El lugar en donde se escribió una gran novela americana”. En el cuarto que retrata se busca encapsular en una captura las grandes motivaciones de la literatura del siglo pasado y el actual, que implica amor, la propia vida, la risa y convertibles. Incluye elementos tan comunes como los restaurantes drive-in, cafés pequeños y pedazos de pie servidos en mostradores de vidrio donde también hay calabazas y desde donde se ven los town squares de los distintos lugares.

Llama la atención que el Babelia de esta semana hace una reseña de Libertad, de Jonathan Franzen, la coloca como un posible futuro de la así llamada novela norteamericana, una suerte de provincianismo que intenta abarcar la realidad total de la sociedad estadounidense.

Además de la evaluación de la propia novela de Franzen, que recomendamos y que ya mandamos a pedir para la colección, interesa el listado de las grandes obras de la literatura estadounidense, que cabe aclarar, no es la misma actualidad de las letras inglesas de la cual es Coetzee y Gordimer, sudafricanos, quienes llevan el liderazgo contemporáneo.

¿Les parece que hay alguna omisión? ¿Alguno que hizo falta?

A mí me llamó la atención que omitiera a Hemingway, uno de los grandes autores del siglo pasado que, nos guste o no, es suficientemente relevante para incluírsele en un canon.