
Pocas veces tenemos la oportunidad de platicar con los autores de los libros. Conocemos sólo una parte de ellos y resulta interesante completar esa imagen con el sonido de su voz, la intensidad de sus palabras y la forma de su risa .

Pocas veces tenemos la oportunidad de platicar con los autores de los libros. Conocemos sólo una parte de ellos y resulta interesante completar esa imagen con el sonido de su voz, la intensidad de sus palabras y la forma de su risa .
¿Qué nos impulsa a leer un libro?
Pues para no entrar en las profundas, complejas y filosóficas respuestas que puede tener una pregunta de esta calaña, me limitaré a decir que ese primer impulso es ajeno al libro en sí mismo, puesto que sólo después de la lectura diremos si lo amamos, odiamos o si nos dejó indiferentes.
El libro puede encantarnos por la vista; digamos que puede tener una portada hermosa, que nos invite a descubrir sus secretos. También puede llamar nuestra atención por el oído; alguien puede recomendarnos que lo leamos porque nuestra vida no estará completa si lo dejamos pasar.
También puede pasar que se nos antoje leer un libro por azar, como me pasó al ver el video de “Nocturnes”, de Kazuo Ishiguro. El impulso primero, en este caso, estuvo dado por una serie de recortes y un poco de música, ¿qué mejor pretexto para dejarme caer?
Nuestra biblioteca está dividida por áreas y cada área tiene distintas reglas de comportamiento y sana convivencia. Hay áreas de silencio absoluto y áreas de trabajo en grupo; áreas más relajadas en las que se puede comer y hacer ruido y otras en las que debe imperar la paz y la calma. En las áreas para estudio en grupo hay mesas de trabajo y pequeñas salas con sillones. En las mesas suele haber grupos de estudiantes (algunos ruidosos y otros no tanto) haciendo trabajos, estudiando o pasando el rato y, últimamente, los sillones son el punto de reunión para aquellos que necesitan un lugar para dormir una siesta entre clases. Leer el resto de esta entrada »